Restaurante Lhardy

"De decoración clásica, este establecimiento tiene más de 150 años de antigüedad y en sus salones se han vivido episodios claves de la historia de España. Reconocido por su cocido madrileño. El año que se inauguró este restaurante, todavía toreaba Cuchares, había aguadores en las calles y acababa de nacer la música de zarzuela. Aquel año se fundó también la Caja de Ahorros de Madrid, se repitió en el balcón de la villa el abrazo de Vergara que puso fin definitivamente a la Guerra Carlista y comenzaron a publicarse las primeras revistas ilustradas de España. Tampoco existía el Banco de España, ni el reloj de la Puerta del Sol, ni el Canal de Isabel II, ni el Teatro de la Opera (después Teatro Real). Y mucho menos la Gran Vía, el metro o ""La catedral de Nuestra Señora de las Comunicaciones"" como llamaron al edificio de Correos los castizos. Quiere y no quiere decir esto, que las cosas importantes de Madrid han ocurrido desde que existe Lhardy. Sí quiere decir seguro que, después de su primera vocación –atender bien y dar de comer mejor a sus clientes–, de lo que más orgulloso se siente Lhardy es de haber sido testigo de tanto acontecimiento y de haber conectado todo el tiempo con la sensibilidad madrileña, sea cual fuera el signo que la identificara, como debe ser en este oficio de cordialidad y buen gusto. Lhardy ha sabido conservar celosamente su atmósfera romanticista a lo largo de más de 160 años. En la actualidad, bajo la gerencia de Milagros Novo Feito, Javier Pagola Aguado y con la siempre impagable dirección de Antonio Tránchez Guardia, el equipo que hoy compone Lhardy: Ricardo Quintana (jefe de cocina), Antonio Fraga (segundo Chef), José María Monje (Jefe de Obrador), Segundo Salvador y Valentín Monje (Jefes de Sala) y el jefe de la tienda, Agustín Rodríguez, hacen posible que esta casa continúe haciendo historia. En Lhardy se cuida el detalle –desde la presentación de las mesas hasta el acabado del plato, y se ejerce esa virtud diplomática de adivinar el gusto del cliente. Y aunque su nombre va asociado a su historia, las nuevas generaciones tienen la oportunidad de conocer un lugar donde poder recorrer a través de sus distintas ofertas, una gastronomía que siempre está de actualidad. Famoso por su caldito, sus croquetas y su cocido, en su planta baja encontramos una tienda que ha conservado el antiguo sabor castizo. Además, tiene varios privados: Isabelino (salón principal): 60 personas, Japonés: 25 personas, Blanco: de 2 a 10 personas, Sarasate: 20 a 25 personas, Gayarre: de 2 a 10 personas y Tamberlick: de 6 a 8 personas. Lhardy es un establecimiento que tiene mucho que ver con la Navidad por la estructura de sus salones y la variedad de productos navideños y artesanos que se pueden encontrar en la tienda delicatesen de la planta baja del restaurante, en la que se puede encontrar turrones de elaboración propia, mantecados, pulardas, pavos rellenos, etc. "

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