La comida buena. Pedimos el menú y todo rico. La zona para niños perfecta, se lo pasaron en grande los peques.
Lo malo, el servicio. Le doy dos estrellas por lo poco profesionales que fueron y el criticar a los clientes (no solo a nosotros)a viva voz delante de otros clientes del bar. Al entrar al restaurante escuchamos al dueño gritando y diciendo de todo menos bonito: ya están arriba (en el comedor de arriba) pidiendo que pongamos la calefacción.
Efectivamente señor, la gente pedía que pusierais la calefacción porque estaban comiendo con los abrigos puestos.
Cuando subimos nosotros, efectivamente, no se podía estar del frío que hacía y al rato, les volvimos a pedir que pusieran la calefacción. A los 20 minutos nos dijeron que se habían equivocado y estaba el aire acondicionado en vez de la calefacción. Bueno les crees y lo dejas pasar, nos pusimos a comer y en mitad de la comida otra vez empieza a bajar la temperatura. Las 3 mesas que había, de más de 10 personas cada una, pues lo comentamos, que otra vez hacía mucho frío. Y nos dimos cuenta que los termostatos estaban apagados, habían apagado la calefacción.
Fui a preguntar a la parte de abajo y pillé a la dueña cagándose en nosotros y diciendo: ya me gustaría ver a que temperatura tienen la calefacción en su casa.
Y le dije que hiciera el favor de poner la calefacción, que no era normal estar con abrigos en la mesa. Su excusa fue que la acababa de apagar hacía 5 minutos, cosa que era mentira.
La volvieron a dar y al rato la volvieron apagar y así toda la tarde.
Cuando vas a un restaurante tienes que sentirte a gusto y confortable en el establecimiento, no que parezca que te están haciendo un favor por estar allí. Estamos a 4 grados en la calle y en una casa de piedra, como es el restaurante, o pones calefacción o te mueres de frío.
El hablar mal de los clientes, los gritos, las malas contestaciones, dice mucho de ellos. Es una pena porque el sitio vale y mucho, pero el servicio es lamentable.
Y por cierto, una sola camarera para atender a casi 40 personas no es de recibo, mucha espera entre plato y plato, que si por lo menos estás calentito ni tan mal, pero pasando frío...
Como vimos de que palo iban, nos quedamos de sobremesa hasta las 19:30, siendo conscientes de la hora. Como no, al irnos, la dueña tuvo que hacer su comentario, mostrando lo poco profesional que había sido durante todo el día. Al irnos dijo que vaya huevos teníamos, entendimos que por las horas de irnos.
Saquen ustedes las conclusiones, no sólo nos lo hizo a nosotros sino a las otras 2 mesas que había.
Si cambian de dueños volveremos.