malo, muy mal rollo en ese sitio. les cuento la reciente experiencia de unos amigos: al parecer no había ni la mitad de la comida que muestran en su página web. Eliges un menu, primero y segundo plato entre tres, incluyen dos rodajas de pan, el postre (una macedonia de fruta bastante escasa) no lo incluyen. el precio excesivo para lo que ofrecían. la base de verduras es la misma para todos los platos. los segundos platos no eran equivalentes, por ejemplo, el plato de arroz con verduras no se podía comparar con el de croquetas de zanahoria, en éste último solo ponían cuatro pequeñas croquetas con una pizca de arroz. ya desde el primer momento notaron una falta de tacto al cliente cuando les preguntaron acerca de los ingredientes que utilizaban. era la primera vez que esas personas iban a ese sitio y simplemente quisieron ejercer su derecho a conocer los aspecto de composición, ingredientes utilizados y proceso de elaboraciòn de los platos que iban a pedir, pues nadie tiene porque saber ni siquiera leer los pictogramas de alérgenos (y menos cuando carece de una leyenda aclaratoria). luego preguntaron si la crema de judías era picante, ya que una de las personas es intolerante al picante, dijeron que para nada, que ningún plato lo era. por lo que la pidieron. nada más probarla notaron que efectivamente era picante. cuando lo advirtieron el trato hacia los clientes fue aún peor, les hicieron sentirse muy incómodos, se quedaron decepcionados y a la vez que extrañados por el tono que utilizaron contra ellos. para empezar la sensación de picante es algo relativo y personal, nadie puede decirte tan convencido que algo no es picante y menos generalizar. además deben respetar la opiniòn del cliente y creerlos, al fin y al cabo son los que pagan y eso incluye un mínimo de cordialidad y amabilidad. el tema de las alérgias e intolerancias alimentarias hoy en día es algo realmente serio, y los buenos restaurantes lo tienen muy presente, ya que son cada vez más las personas con este tipo de inconvenientes y merecen como mínimo la misma atenciòn y respecto que cualquier otro. para acabar, los clientes decidieron, a pesar de todo, aguantar un poco el mal trato y acabar su almuerzo por respecto a los acompañantes que no merecían pasar una mala tarde. después de esperar un buen rato por los segundos platos, finalmente les trajeron otro plato. en ningún momento hubo un gesto o palabra de comprensión hacia los clientes, ni un “lo sentimos”, por el contrario en la abultada factura les cobraron además la crema picante reseñada, que por cierto les sentó mal a los que la probaron, generándoles revoltura y gases