Después de un día de excursiones y con la intención de cenar, nos sentamos en este bar a las 19:00 con la intención de comer unas tapas de txistorra y unas bebidas, a lo que me indicó la camarera que a las 20:00 empezaban a servir las cenas pero que tapa no podía ser (2 euros) y tenía que ser bocadillo (5 euros). Con mucho gusto nos tomamos dos rondas esperando toda la familia, esperando en el sitio indicado de la terraza donde hacían ese servicio. Llegan las 20:00 y nos acercamos a hacer el pedido, a lo que me indica otra camarera que el servicio comienza a las 20:30 y que no tienen txistorra, que se les acabó el día anterior. Muy decepcionada, le explico la situación con la anterior camarera, y cuando ya me iba a ir se acerca la que parecía ser la dueña, que en todo momento estaba escondida escuchando la conversación con las dos camareras (porque la había visto en la antesala en el momento anterior), me contesta de muy malas formas que a ver qué me pasa y en vez de disculparse o dar una explicación coherente, en todo momento se siente indignada, contestándome de formas incorrectas, y sin entender en ningún momento la situación del cliente. Sinceramente, nunca me había pasado que intentando explicar una situación, para que esto no les pase a otros clientes, en vez de intentar solucionarlo y escucharme, me intente acallar y no escuchar. Muy decepcionada con la que parecía ser la dueña o encargada del lugar, porque si hubiera tenido otra actitud lo hubiera entendido, ya que puede pasar sobre todo si tiene un camarero con poca experiencia, pero acechar de esa manera a un cliente insatisfecho que intenta que esa situación no le pase a alguien más, es deplorable. No volveré nunca más a este bar, y espero que esta reseña, y lo que le indiqué previamente en persona, les sirva de verdad para entender un poco de hostelería (dicho por alguien que ha trabajado de ello).