Me gustaría analizar el sitio desde distintos puntos de vista para ser justo en todos los sentidos. Fuimos un domingo a mediodía, con lo cual, evidentemente, estaba lleno (menos mal que pudimos reservar con unas horas de antelación). Acerca de la atención recibida puedo decir que en líneas generales fué muy satisfactoria. Jose, el camarero que estaba más con nosotros, es un auténtico crack, se nota que lleva 30 años o alguno más en el oficio y és su vida, nos ayudó, aconsejó y hasta nos hizo reir, un fuera de serie sin lugar a dudas. Sin embargo, una compañera que fué la que nos sirvió el vino no fué ni siquiera profesional. Sirvió el vino con desgana, sin la más mínima intención de guardar las formas y las veces que la llamamos durante la comida por cualquier cosa prácticamente no nos hizo ni caso.Por suerte el caso de esta chica no consiguió empañar el Txuletón (44,40€), vacuno madurado, algó más de 1kg, cortado a sierra con doble hueso, marcado a las brasas y una vez trinchado nos lo sirvieron junto a una barbacoa de mesa para poder terminarlo a nuestro gusto, acompañado de unas verduras que francamente me las comí porque soy muy comedor y con lo pagado me negaba a quedarme con hambre, pero total y absolutamente prescindibles ya que estaban frías y flotaban sobre un charco de aceite.En cuanto a los entrantes quedamos algo decepcionados: el surtido de croquetas "caseras" (10,8€ - 8 unidades) ya que si bien por ese precio no se pueden pedir maravillas, resulta engañoso decir que son caseras (ojo, en un asador de este calibre te esperas llorar de la emoción con las croquetas) y que lo que te saquen sea una croqueta dura, sin sabor y que esté a la altura de una croqueta congelada de cualquier marca blanca. No las volvería a pedir. Como segundo entrante pedimos tortilla de bacalao (11,5€). En la carta especifican que és la especialidad de la casa, pues bien, nada más lejos de lo esperado... bacalao desalado, seco, pasado... eso sí, el punto del huevo espectacular, estaba muy jugosa pero salada a rabiar. En resumen, comestible sin ser ninguna maravilla.El vino que pedimos, fue un "Gran Feudo" Rosado, vino de Navarra, correcto, costaba lo que valía (12€), un vinito sencillo para acompañar una comida de calidad con bajo presupuesto. Apreciamos mucho el detalle de poder disfrutar de sidra natural, que tú mismo te puedes escanciar gratis desde la barrica. Una vez más, correcta sin ser ninguna maravilla pero oye, es gratis con lo cual nada que decir.En el apartado postres, luces y sombras... la torrija de pan brioche con helado de turrón, de las mejores que he comido nunca, cremosa, expresiva, contraste frío-calor maravilloso, de 10. El tiramisú de mango sin embargo me destruyó, empalagoso, sin sabor ni a mascarpone, ni a Mango, ni a nada más que azúcar, nada que te invitara a volverlo a pedir... un fiasco en toda regla. Los postres tenían precios entorno a los 5€.El total de la cuenta fueron 107,25, se aprecia el detalle que en el ticket te ponen a cuánto sales por persona si quieres dividir la cuenta.Por último y no menos importante, lo referente al local, está muy, muy, pero que muy currado. Claramente inspirado en un caserío vasco-navarro desde la fachada, el ambiente interior es una auténtica pasada.Como nota general le pondría a esta experiencia un 8 y francamente a pesar de lo criticado lo recomendaría, ya que es algo distinto a lo que por aquí estamos acostumbrados y al fin y al cabo nada de lo que pasó fué imperdonable.